Considéreme usted un sueño

«… Una tarde que vino a verme (aún vivía yo con mis padres) y al entrar despertó a mi padre, que dormía en el sofá, en vez de disculparse dijo de una manera infinitamente suave, levantando los brazos en un gesto de apaciguamiento, mientras atravesaba la habitación de puntillas: “Por favor, considéreme usted un sueño”

Max Brod, KafkaAlianza, 1974.

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Kafka y la niña

«… Cuando vivíamos en Berlín, Kafka iba con frecuencia al parque de Steglitz. Yo le acompañaba a veces. Un día nos encontramos a una niña pequeña que lloraba y parecía totalmente desesperada. Hablamos con ella. Franz le preguntó qué era lo que la apenaba, y nos enteramos de que había perdido su muñeca. Enseguida inventa él una historia con la que explicar aquella desaparición. “Tu muñeca tan sólo está haciendo un viaje. Lo sé. Me ha enviado una carta”. La niña desconfió un poco: “¿La has traído?”. “No, la he dejado en casa, pero mañana te la traeré”. La niña, ahora curiosa, ya había olvidado en parte su pena. Y Franz volvió enseguida a casa para escribir la carta.

Se puso manos a la obra con toda seriedad, como si se tratara de escribir una obra. Estaba en el mismo estado de tensión en el que se encontraba siempre en cuanto se sentaba al escritorio, aunque sólo fuera para escribir una carta o una postal. Por lo demás era un verdadero trabajo, tan esencial como los otros, porque había que preservar a la niña de la decepción costara lo que costase, y había que contentarla de verdad. La mentira debía, por tanto, convertirse en verdad a través de la verdad de la ficción. Al día siguiente llevó la carta a la pequeña, que le estaba esperando en el parque. Como la pequeña no sabía leer, él lo hizo en voz alta. La muñeca le explicaba en la carta que estaba harta de vivir siempre en la misma familia, y expresaba su deseo de experimentar un cambio de aires, en una palabra, quería separarse por algún tiempo de la niña, a la que quería mucho. Prometía escribir todos los días. Y Kafka, de hecho, escribió una carta diaria en la que siempre informaba de nuevas aventuras, que se desarrollaban muy deprisa, de acuerdo con el ritmo de vida especial de las muñecas. Al cabo de unos días, la niña había olvidado la verdadera pérdida de su juguete y ya sólo pensaba en la ficción que se le había ofrecido como sustituto. Franz ponía en cada frase de la historia tanto detalle y sentido del humor, que el estado en que se encontraba la muñeca resultaba del todo comprensible: la muñeca había crecido, había ido al colegio, había conocido a otras gentes. Aseguraba una y otra vez que quería a la niña, pero aludía a las complicaciones que iban surgiendo, a otras obligaciones y otros intereses que de momento no le permitían retomar la vida en común. A la niña se le pidió que reflexionara, y así se la preparó para la inevitable renuncia.

El juego duró por lo menos tres semanas. Franz tenía un miedo terrible ante la idea de cómo darle fin, pues aquel final debía ser un verdadero final, es decir, debía hacer posible el orden que reemplazara el desorden provocado por la pérdida del juguete. Pensó largamente y al final se decidió por hacer que la muñeca se casara. Primero describió al joven marido, la fiesta de compromiso, los preparativos de boda. Después, con todo detalle, la casa de los recién casados: “Tú misma comprenderás que en el futuro tendremos que renunciar a volver a vernos”. Franz había resuelto el pequeño conflicto de la niña a través del arte, gracias al medio más efectivo del que él personalmente disponía para ordenar el mundo.»

Dora Diamant, en Hans-Gerd Koch (ed.), Cuando Kafka vino hacia mí… El Acantilado2009.

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Princeps sensus

«… “Algo que me impresionó profundamente fue el primer movimiento que hizo Kafka al entrar en mi habitación. Sabía que estaba frente a un ciego. Sin embargo, me hizo una muda reverencia mientras Brod nos presentaba. Se diría que era una formalidad sin sentido para conmigo, que no podía verla. Su cabellera lacia había rozado mi frente, sin duda a causa de la reverencia un tanto vehemente que yo le dirigí al mismo tiempo. Sentí una emoción cuyo fundamento no me era aún del todo claro. He aquí el primer hombre de entre todos los que había conocido que consideraba mi defecto orgánico como algo que solo me incumbía a mí.”»

Oskar Baum, en Max Brod, KafkaAlianza, 1974.

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Singularidad disipada

«… Toda persona es singular y está llamada a actuar conforme a esa singularidad, pero es necesario que esta le resulte grata. Por lo que he visto, tanto en la escuela como en casa todo va encaminado a disipar dicha singularidad

Franz Kafka, Obras completas, volumen III. Galaxia Gutenberg, 2003.

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Estamos viviendo una fe errónea

«… “Si aquello que parece haber sido destruido en el Paraíso era destructible, no era decisivo; si, en cambio, era indestructible, estamos viviendo una fe errónea”

Kafka, en Max Brod, KafkaAlianza, 1974.

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Escribir

«… Cuando se hizo claro a mi organismo que el escribir era la dirección más productiva de mi naturaleza, todo tendió con apremio hacia allá y dejó vacío todas aquellas capacidades que se dirigían preferentemente hacia los gozos del sexo, la comida, la bebida, la reflexión filosófica, la música

Franz Kafka, Obras completas, volumen III. Galaxia Gutenberg, 2003.

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Confianza perdurable en algo indestructible

«… “El hombre no puede vivir sin una confianza perdurable en algo indestructible, aun cuando sea posible que tanto lo indestructible como la confianza permanezcan perdurablemente ocultos para él”.»

Kafka, en Max Brod, KafkaAlianza, 1974.

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