Con uñas y dientes

«… La existencia del escritor depende realmente del escritorio; en realidad, si pretende escapar de la demencia jamás debe alejarse dele escritorio, tiene que aferrarse a él con uñas y dientes.»

Kafka citado en Byung-Chul Han, Buen entretenimientoHerder, 2018.

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El trabajo

«… Por eso el trabajo es para el hombre “el mejor modo de disfrutar su vida”, porque es una “ocupación molesta (en sí desagradable y solo satisfactoria por su resultado)”. El dolor incentiva al hombre a “proseguir siempre para mejor”. El camino hacia lo mejor es por tanto una via doloris. Y el dolor es sano. Retarda la muerte.»

Byung-Chul Han, Buen entretenimientoHerder, 2018.

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La salud

«… Esta [la salud] es inmediatamente agradable para todo el que la posee (por lo menos negativamente, es decir, como ausencia de todo dolor corporal). Pero para decir que ella es buena, hay que referirla además, mediante la razón, a fines, a saber: que ella es un estado que nos hace estar dispuestos para todos nuestros asuntos.»

Kant citado en Byung-Chul Han, Buen entretenimientoHerder, 2018.

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Una parte de su mente infantil

«… Ningún alma infantil se conmueve […] con la verdad absoluta, con axiomas algebraicos o geométricos, sino que lo único que se consigue con ello es atrofiarla miserablemente […]  Y es feliz aquel hombre que ha sabido guardar una parte de su mente infantil de sus primeros años para el resto de su vida.»

Heinrich Hoffmann citado en Byung-Chul Han, Buen entretenimientoHerder, 2018.

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Homo delectionis

«… En el fondo de su alma Kant posiblemente fuera un homo delectionis. Por eso se pone la camisa de fuerza de la razón, para controlar su avidez de disfrute o su desbordante imaginación. Pero las coerciones a las que Kant se somete provocan dolor. La simulación del dolor lo convierte en un homo doloris. Pero al mismo tiempo dicha asimilación convierte el dolor en una fuente de gozo. Así es como el dolor se convierte en una Pasión. El dolor incluso intensifica el gozo.»

Byung-Chul Han, Buen entretenimientoHerder, 2018.

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El tiempo

«… El tiempo no solo cura sino que al final exonera, aunque sea mediante un proceso de desensibilización.»

John Banville, La señora Osmond. Alfaguara, 2018.

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La estrella interior del espíritu

«… En cierto modo, la red informática mundial (world wide web) ha transformado el mundo en un paisaje marítimo. Si uno cliquea en el icono del navegador, aparece un mar nocturno con estrellas y un faro iluminado. Uno navega a través del mar infinito de informaciones. Uno ingresa en la red como a un vasto mar. En vez de loguearse, uno podría decir “embarcarse”. No obstante, el mar no aparece tan amenazador como en épocas pasadas. Todavía para Hegel el mar era un símbolo de la incertidumbre e inconmensurabilidad atemorizantes. Así compara él, en su discurso inaugural en Berlín, el pensamiento con un aventurero viaje en barco en un océano infinito:

La decisión por el filosofar se arroja directo en el pensamiento […], se arroja como en un océano sin puerto; todos los colores variados, los puntos de apoyo, han desparecido, todas las amigables luces restantes se han apagado. Solo una estrella ilumina, la estrella interior del espíritu; esta es la estrella polar. Sin embargo, es natural que al espíritu en su soledad consigo mismo lo acometa en cierto modo un horror; uno no sabe qué pretende, adónde llegará.

El sistema de Hegel se basa en ese sentimiento de “horror”. Se funda, pues, en medio del “océano sin puerto”. Tampoco Xanadú, el palacio de recreo de Kubla Khan, se apoya sobre tierra firme. Allí hierve la tierra y el río sagrado. Alfa cae estruendoso monte abajo en el mar sin sol.
La red presenta un mar completamente diferente. En este caso, no se trata ni de la incertidumbre ni de la inconmensurabilidad. Surfear es ciertamente la contraimagen de esa navegación en lo incierto. El usuario es un turista en la red, que se mueve a través de los hiperlinks. Surfear refleja el estado de ánimo que, desde hace tiempo, también tiene efecto por fuera del ordenador. El usuario se encuentra de viaje en el mercado de la red, es decir, en el hipermercado, en el hiperespacio de la información. El mar, con sus incontables barcos-conteiners, no es más el mar de Homero o de Hegel. También el concepto de “explorar” (browsen) subraya el cambio del estar-en-el-mundo. En contraposición a surfear, explorar no es una figura marítima. El usuario no tiene la actitud de una navegación aventurera, sino la de un consumista, la de un turista.
Allí donde el mar se transforma en un hipermercado, se apaga también es “estrella interior del espíritu” con la que Hegel creía poder vencer la inconmensurabilidad e incertidumbre del océano sin puerto. La nueva relación hacia el mar refleja otra comprensión del ser actual. El nuevo paisaje marítimo no conoce ni el espíritu ni el logos en sentido enfático. El logos cesa ante un hiperlogo que, sin embargo, no presenta una sencilla continuación del diálogo o del polilogo. Antes bien, abandona el orden mismo del viejo logos, al que se aferraban estos últimos. El hiperlogo es el nuevo orden de la hipercultura, aunque de él no se perciba el logos, sino más bien el loguearse o el logo, es decir, los logo-s.»

Byung-Chul Han, HiperculturalidadHerder, 2018.

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