Dos partes

«… Solem vino al cobertizo y me pidió el hacha para cortar la cabeza a varios pollos. Sí; en esto se podía ver, él tenía que hacer todo, era el brazo derecho de la casa, el imprescindible.
Sujetó el pollo contra el bloque de madera y se preparó; pero la cosa no era tan fácil; el pollo retorcía la cabeza hacia arriba, como una serpiente, y no quería dejarla quieta. Por fin cesó de gritar.
― Siento cómo le late fuertemente el corazón ―dijo Solem.
De pronto vio la ocasión, y dio el golpe. Allí quedó la cabeza. Solem todavía tenía el cuerpo, que temblaba, en su mano. La cosa fue tan rápida que para mí los dos trozos eran todavía uno; yo no alcancé a darme cuenta de una separación tan inverosímil y loca. Duró uno o dos segundos; después ya fue cuando mis ojos vieron lo ocurrido. El horror en la cara de aquella cabeza suelta era visible, parecía que aún no creía lo ocurrido, y se levantó un poco como para demostrar que no había pasado nada. Solem soltó el pollo, que se quedó un momento quieto, pero enseguida volvió a sacudir las patas, se irguió y revoloteó. El cuerpo sin cabeza se balanceaba, tocando con un ala la pared, esparciendo sangre alrededor, hasta que se quedó por fin inerte.»

Knut Hamsun,  La última alegría. Alfaguara, 2005

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