La modernidad

«… Después se construyeron casas para guarecerse de la nieve y de la lluvia, y nada más. Ya no fueron grandes, ya no fueron hermosas. Se trató únicamente de asegurar, al modo suizo, un albergue para la mujer y los hijos. Y así aprendimos del pueblo suizo, que vive en las alturas de los Alpes, que en el curso de toda su historia no ha sido nunca nada y no ha producido nunca nada, aprendimos, pues, a prescindir del aspecto que presenta a la vista una vivienda humana, con tal de que puedan utilizarla los turistas ambulantes. ¿Para qué sirve que el edificio blanco de la sierra conserve algo de la calma y de la belleza de un templo? ¿Y qué sacamos con que la casa grande, la casa de los tiempos de Olsen Ture, se mantenga intacta todavía? Podría dejar el sitio a veinte colmenas humanas. De decadencia en decadencia, hemos llegado al fondo. Y ahora los remendones se alegran, no de que nos hayamos convertido todos en igualmente grandes, sino de que seamos todos igualmente pequeños. Así lo hemos querido.»

Knut Hamsun,  Un vagabundo toca con sordina. Alfaguara, 2005

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