La patata

«… ¿Qué tenía la patata? ¿Acaso no era más que una especie de café de países lejanos, de la que podían prescindir? Ah, no; la patata es un fruto único, aguanta la sequía y la humedad, y siempre crece, desafía los rigores del clima y soporta lo indecible; cuando los humanos le dan un trato razonable, la patata se lo devuelve multiplicado por quince. La patata no tiene la sangre de la uva, pero sí la carne de la castaña; se fríe, se cuece y sirve para todo. Un hombre puede pasar sin pan, pero si dispone de una patata no carecerá de alimento. La patata puede asarse en las cenizas calientes y servir de cena, o también se la cuece y sirve de desayuno. ¿Qué acompañamiento requiere? Poco: la patata es modesta, le basta con una jarra de leche o un arenque. Los ricos la toman con mantequilla, los pobres la untan con una pizca de sal en un platillo; Isak se permitía comérsela los domingos mojada en la nata agria de la leche de Cuerno de Oro. ¡Esa patata tan apreciada y tan bendita!»

Knut Hamsun,  La bendición de la tierra. Bruguera, 2007

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