Defenderse del mundo

«… A los rigores de su tarea administrativa se sumaba la agotadora necesidad de mantener a una distancia prudente, por así decirlo, al mundo tétrico y vulgar, obligado por su trabajo a un constante contacto con él. Era imprescindible defenderse del mundo para que no contaminara su visión y evitar que su omnipresente y obstinada inmoralidad fructificara en lo más profundo de sus pensamientos y manchara de mundanalidad la pureza trascendente de su teoría del cielo. Sin embargo, no podía evitar conmoverse ante la situación de la gente, cuyo dolor y angustia recordaría siempre condensados en el recuerdo del cuerpo de una joven campesina que había encontrado en las ruinas humeantes de un pueblo saqueado y cuyo nombre ni siquiera conocía.»

John Banville,  Copérnico. Salvat, 1995

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