La gratuita capacidad de perversión del hombre

«…  ―La criatura (pues era apenas una niña) había sido torturada hasta morir por los soldados. No voy a describirle, mi querido Tiedemann, el estado en que la dejaron, a pesar de que la imagen de aquel pobre ser destrozado ha quedado grabado de un modo indeleble en mi memoria. Habían trabajado durante horas, con extremo cuidado, casi con una especie de amor obsceno, si me permite que lo llame así, para asegurarle la muerte más dolorosa que pudieran imaginar. Entonces advertí, tal vez por primera vez, me da vergüenza admitirlo, la gratuita capacidad de perversión que hay en el hombre. Luego me pregunté, y me sigo preguntando ahora, si seres capaces de cometer actos así contra su prójimo pueden tener esperanzas de ser perdonados.»

John Banville,  Copérnico. Salvat, 1995

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