La conquista de la dignidad

«… En el mundo de los sistemas, máquinas y valores culturales en perfecto funcionamiento, donde la mayor parte de las cosas están aseguradas, “la vida corre como agua entre los dedos, que quieren detenerla porque es el mayor de los bienes” (Gehlen). Pero la vida humana tiene la paradójica propiedad de que pierde su valor cuando se conserva simplemente y no se arriesga. La vida que tan sólo quiere conservarse realiza su programa biológico, pero no sus posibilidades humanas. Se trata del crecimiento de la mismidad. Pero un sí mismo sólo puede rebasarse entregando, sacrificando una parte de sí. El crecimiento de sí mismo implica el propio sacrificio. La seguridad de que el hombre posee una dignidad es una ficción amiga del hombre y, por tanto, socialmente útil. Pero más allá de esto hay todavía una dignidad que no se le asigna a uno, sino que se conquista con sudor y lágrimas, y llegado el caso incluso con sangre.»

Rüdiger Safranski,  El mal o el drama de la libertad. Tusquets, 2014

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