La contradicción del árbol del conocimiento

«… Ahora bien, lo sorprendente de la prohibición es que, como diríamos hoy, contiene una contradicción pragmática consigo misma. La prohibición crea el conocimiento que ella prohíbe. El árbol prohibido de la ciencia se parece a una señal orientadora en la que pudiera leerse “¡No tener en cuenta esta orientación!”. Ante semejante indicación no podemos menos de hacernos “culpables”, pues para respetarla sólo podemos dejar de respetarla. Lo mismo puede decirse acerca del árbol prohibido del conocimiento del bien y del mal. En la medida en que ese árbol prohibido se halla entre los demás árboles, el conocimiento del bien y del mal ha sido ya concedido al hombre. Éste sabe, al menos, que es malo comer del árbol del conocimiento. Por tanto, ya antes de comer de él, ha sido conducido por la prohibición a la distinción entre el bien y el mal. Así pues, en el caso de que hubiera habido una vida más allá del bien y del mal, un estado de inocencia que ignorara tal distinción, el hombre no perdió su inocencia paradisíaca cuando comió del árbol del conocimiento, sino en el momento mismo en el que se le hizo la prohibición. Cuando Dios dejó a la libre disposición del hombre la aceptación o la conculcación del mandato, le otorgó el don de la libertad.»

Rüdiger Safranski,  El mal o el drama de la libertad. Tusquets, 2014

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