La fechoría de los padres

«… Kant formuló de manera inimitable el problema que se presenta aquí, a saber: el hombre se descubre a sí mismo como ciudadano de la tierra, en cuyo comienzo descubrimos una “fechoría de los padres”. Éstos traen al mundo a “una persona sin su consentimiento, y la han traído allí por su propio arbitrio”. Por eso los chillidos del niño recién nacido han de entenderse como expresión de “irritación” e “indignación”. De ahí que los padres estén obligados a conseguir que esta pequeña persona “esté contenta con su estado”. ¿Cómo puede lograrse algo así?: sólo si los padres despiertan en la pequeña persona de su hijo las fuerzas de la autodeterminación capaces de suplantar la determinación extraña. Esto último es tarea de la razón. Con ella puede compensarse el escándalo de un comienzo sobre el cual no tenemos poder, y se compensa simplemente por el hecho de que cada uno descubre en su razón la libertad de poder comenzar. El que a mí se me haya dado comienzo sólo es soportable si aprendo a comenzar yo mismo. Por eso Kant describe el despertar de la razón o, mejor dicho, el acto de despertar la razón, como un segundo nacimiento. Lo que ahora ve la luz del mundo ya no es un involuntario recién llegado, sino un principiante que puede comenzar él mismo.»

Rüdiger Safranski,  El mal o el drama de la libertad. Tusquets, 2014

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