Un abismo en sus ojos

«… Moritz se encontraba de nuevo en la planta de arriba. Tras llamar a la puerta, pasó un rato considerable hasta que oyó un “adelante” con voz clara. Tina se había desvestido y estaba sentada frente al espejo del tocador, arreglándose el pelo antes de acostarse. Cuando Moritz fue a besarle la mano, sintió en el brazo de ella el tirón de una duda. Cuando se disponía a darle un informe sobre la repentina marcha del invitado, al pronunciar el nombre de Schenius se abrió de repente un abismo en los ojos de Tina. Moritz pudo leer en ellos que había perdido para siempre a su mujer, y que su vida se había terminado. Tina lo vio colocarse tras ella, mientras el color le desaparecía del rostro; sintió cómo su propias mejillas se encendían de fulgor, y cómo se le cerraban los ojos. Cuando los volvió a abrir, estaba sola.»

Rudolf Borchardt. El amante indigno. Ardicia, 2017

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