Los incrédulos

«… Los incrédulos dicen que les resulta imposible creer en lo que nosotros creemos. Dicen que lo nuestro es superstición, o directamente que es nuestra estupidez lo que nos convierte en creyentes. Y enumeran un montón de cosas de la Biblia que no pueden captar con la razón. Pero querido, entre nosotros viven algunos seres humanos que creen como nosotros y que no pueden ser tachados de estúpidos, ¿no es así? Ah, grandes profesores y sabios que conocemos, podríamos nombrar uno tras otro, personas que no son menos importantes que el mismísimo Pascal. ¿Cómo se puede explicar entonces que esos hombres y mujeres salgan a testificar por escrito y hablando precisamente sobre esa misma fe que tenemos en común para nuestra salvación y gloria? No pretendo ser un sabelotodo, ni mucho menos. Pero puedo explicar esta cuestión en toda su sencillez. Ese es el milagro. Conseguimos esta firme fe y seguridad en nuestros corazones gracias a la instrucción del Espíritu Santo. Ese es el milagro que ocurre en nosotros por la gracia de Dios. No sé si lo explico lo suficientemente bien, pero al menos resulta extraño que los incrédulos sigan siendo completamente indiferentes ante su propio bien. Su inteligencia debería aconsejarlos mejor.»

Knut Hamsun,  Por los senderos que la maleza oculta. Nórdica, 2012

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Tendrás que inclinarte

«… Ya te vas, buena alma Martin de Krøttran. Llevas dentro una flor, una minúscula flor de pecado dentro de ti, tu enamoramiento desesperado por la joven Alvilde, que no quiere saber nada de ti. Pero un día sabrás que Alvilde se ha casado con ese hombre del pueblo, no queda otro remedio, tendrás que inclinarte ante el golpe. También en esa situación acudirás a Dios para decirle que eso no ha sido bueno para ella.»

Knut Hamsun,  Por los senderos que la maleza oculta. Nórdica, 2012

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En el imperio

«… Según Hardt y Negri, la globalización genera dos fuerzas antagónicas. Una de ellas crea el “imperio”, que da lugar a un orden de dominación capitalista descentralizado y desterritorializado a partir de controles constantes y conflictos permanentes. La otra produce una “multitud”, un conjunto de singularidades que se comunican entre ellas y actúan conjuntamente a través de las redes. La multitud se opone al imperio desde dentro del imperio. De este modo, Hardt y Negri presentan una nueva versión de la lucha de clases. La violencia que genera el imperio se define como violencia de la explotación por parte de otro…
Hardt y Negri no tienen demasiado en cuenta las realidades político-económicas y construyen su modelo teórico basándose en categorías históricas ya superadas, como clase o lucha de clases. De ahí que definan a la multitud como una clase: “En una primera aproximación la multitud ha de entenderse como composición de todos aquellos que trabajan bajo el dominio del capital y, en consecuencia, potencialmente como la clase que se resiste al dominio del capital.” Hablar de una clase solo tiene sentido en el terreno de una pluralidad de clases que interactúan o compiten entre ellas. Pero la multitud es casi la única clase. A esta pertenecen todos aquellos que están ligados al sistema capitalista. Es decir, no se enfrenta a ninguna clase dominante a la que tuviera que combatir. En el imperio, todo el mundo está sometido al imperativo de la economía capitalista. El imperio no es una clase dominante que explota a la multitud como proletariado. Negri y Hardt no reconocen esta autoexplotación. En el imperio, en realidad, no domina nadie. Se presenta el propio sistema capitalista, que lo abarca todo. En este, ya no hay una explotación sobre el otro, sino que el modo fundamental del mantenimiento del sistema es la autoexplotación.
La clase, tal y como la entienden Hardt y Negri, se convierte en “un todo colectivo solo cuando […] lucha conjuntamente”. La clase está constituida necesariamente por un sentimiento de pertenencia, del que brota el impulso para una actuación colectiva. Pero la sociedad contemporánea se caracteriza por el hecho de que el sentimiento de pertenencia ha desparecido en todos nosotros, en todas partes. Y la apatía y la indiferencia, unidas a una infantilización de la sociedad cada vez mayor, hace que sea muy improbable una actuación colectiva. El mundo globalizado no está habitado por singularidades que plantean una resistencia colectiva decidida contra el imperio, sino por egos aislados en sí mismos, que se comportan de un modo antagonista entre ellos. Todos aquellos que están integrados en el proceso de producción capitalista son víctimas y verdugos a la vez. Y cuando la víctima y el verdugo coinciden ya no es posible resistencia alguna. Hardt y Negri pasan por alto la topología particular de lo global.
Este poder social solo nace de un actuar en conjunto, de un nosotros. Sin embargo, la egologización y la atomización de la sociedad reduce radicalmente el espacio para una actuación conjunta, y de esta manera impide la construcción de un contrapoder, que pudiera realmente cuestionar el orden capitalista.»

Byung-Chul Han,  Topología de la violencia. Herder, 2016

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El yo-ideal

«… En la transición de la sociedad disciplinaria a la sociedad de rendimiento, el super-yo se positiviza en un yo-ideal. El super-yo es represivo. Dicta, fundamentalmente, prohibiciones. Con su “deber imperativo, riguroso y cruel”, con su “un carácter severamente restrictivo y cruelmente prohibitivo” gobierna sobre el yo. El sujeto de rendimiento se proyecta en el yo ideal, mientras que el sujeto de obediencia se somete al super-yo. Proyección y sometimiento son dos modos de ser muy distintos. Del super-yo surge un impulso negativo. Frente a ello, el yo-ideal ejerce un impulso positivo sobre el yo.
La negatividad del super-yo limita la libertad del yo. Proyectarse en el yo ideal, al contrario, se entiende como un acto de libertad. Pero en vista a la imposibilidad de acceder al yo ideal, uno se percibe como deficitario, como fracasado, y se somete al autorreproche. Del abismo entre el yo real y el yo-ideal surge una autoagresividad. El yo se combate a sí mismo, emprende una guerra contra sí mismo. La sociedad de la positividad, que cree haberse liberado de todas las fuerzas ajenas, se somete a las fuerzas destructivas propias. Las enfermedades psíquicas, como el burnout o la depresión, las enfermedades principales del siglo XXI, muestran todas las características de la autoagresión. En lugar de una violencia de causa externa, aparece una violencia autogenerada, que es mucho peor que cualquier otra, puesto que la víctima de esta violencia se cree libre.»

Byung-Chul Han,  Topología de la violencia. Herder, 2016

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El dolor de los umbrales

«… El miedo se produce también en el umbral. Es una típica sensación liminar. El umbral es el tránsito a lo desconocido. Más allá del umbral comienza un estado óntico totalmente distinto. Por eso, el umbral siempre lleva inscrita la muerte. En todos los ritos de paso, los rites de passage, se muere para renacer más allá del umbral. La muerte se experimenta aquí como transición. Quien traspasa el umbral se somete a una transformación. El umbral como lugar de transformación duele. Le es inherente la negatividad del dolor: “Si sientes el dolor de los umbrales no eres un turista: puede producirse la transición”.»

Byung-Chul Han,  La expulsión de lo distinto. Herder, 2017

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El miedo incrementa la productividad

«… Hoy vivimos en un sistema neoliberal que elimina estructuras estables en el tiempo, que para incrementar la productividad fragmenta el tiempo de vida y hace que lo vinculante y obligatorio se vuelva obsoleto. Esta política temporal neoliberal genera miedo e inseguridad. Y el neoliberalismo individualiza al hombre convirtiéndolo en un aislado empresario de sí mismo. La individualización que acompaña a la pérdida de solidaridad y a la competencia total provoca miedo. La pérfida lógica del neoliberalismo reza: el miedo incrementa la productividad

Byung-Chul Han,  La expulsión de lo distinto. Herder, 2017

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La pérfida lógica del neoliberalismo

«… El neoliberalismo es cualquier cosa menos el punto final de la Ilustración. No lo guía la razón. Precisamente su vesania provoca unas tensiones destructivas que se descargan en forma de terrorismo y nacionalismo. La libertad de la que hace gala el neoliberalismo es propaganda. Lo global acapara hoy para sí incluso valores universales. Así, incluso se explota la libertad. Uno se explota voluntariamente a sí mismo figurándose que se está realizando. Lo que maximiza la productividad y la eficiencia no es la opresión de la libertad, sino su explotación. Esa es la pérfida lógica fundamental del neoliberalismo.»

Byung-Chul Han,  La expulsión de lo distinto. Herder, 2017

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