El arte

«… El arte era para él el contrapeso al desencanto utilitarista del mundo.»

Rüdiger Safranski,  El mal o el drama de la libertad. Tusquets, 2014

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La conquista de la dignidad

«… En el mundo de los sistemas, máquinas y valores culturales en perfecto funcionamiento, donde la mayor parte de las cosas están aseguradas, “la vida corre como agua entre los dedos, que quieren detenerla porque es el mayor de los bienes” (Gehlen). Pero la vida humana tiene la paradójica propiedad de que pierde su valor cuando se conserva simplemente y no se arriesga. La vida que tan sólo quiere conservarse realiza su programa biológico, pero no sus posibilidades humanas. Se trata del crecimiento de la mismidad. Pero un sí mismo sólo puede rebasarse entregando, sacrificando una parte de sí. El crecimiento de sí mismo implica el propio sacrificio. La seguridad de que el hombre posee una dignidad es una ficción amiga del hombre y, por tanto, socialmente útil. Pero más allá de esto hay todavía una dignidad que no se le asigna a uno, sino que se conquista con sudor y lágrimas, y llegado el caso incluso con sangre.»

Rüdiger Safranski,  El mal o el drama de la libertad. Tusquets, 2014

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La mala acción

«… La acción mala es para Kant una actuación en la que el “amor a sí mismo” se convierte en principio supremo; lo cual sucede cuando el otro hombre queda denigrado a la condición de medio para los propios fines, cuando se le engaña, utiliza, explota, atormenta y mata, cuando está en el centro la autoafirmación egoísta en lugar de la obligación relativa a una vida común..»

Rüdiger Safranski,  El mal o el drama de la libertad. Tusquets, 2014

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La contradicción del árbol del conocimiento

«… Ahora bien, lo sorprendente de la prohibición es que, como diríamos hoy, contiene una contradicción pragmática consigo misma. La prohibición crea el conocimiento que ella prohíbe. El árbol prohibido de la ciencia se parece a una señal orientadora en la que pudiera leerse “¡No tener en cuenta esta orientación!”. Ante semejante indicación no podemos menos de hacernos “culpables”, pues para respetarla sólo podemos dejar de respetarla. Lo mismo puede decirse acerca del árbol prohibido del conocimiento del bien y del mal. En la medida en que ese árbol prohibido se halla entre los demás árboles, el conocimiento del bien y del mal ha sido ya concedido al hombre. Éste sabe, al menos, que es malo comer del árbol del conocimiento. Por tanto, ya antes de comer de él, ha sido conducido por la prohibición a la distinción entre el bien y el mal. Así pues, en el caso de que hubiera habido una vida más allá del bien y del mal, un estado de inocencia que ignorara tal distinción, el hombre no perdió su inocencia paradisíaca cuando comió del árbol del conocimiento, sino en el momento mismo en el que se le hizo la prohibición. Cuando Dios dejó a la libre disposición del hombre la aceptación o la conculcación del mandato, le otorgó el don de la libertad.»

Rüdiger Safranski,  El mal o el drama de la libertad. Tusquets, 2014

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Economía vs. Política

«… No obstante, el mecanismo del mercado, por no haber gozado de suficiente dirección política, ha tenido consecuencias ruinosas en el siglo XX. La historia de nuestro siglo ha mostrado que los mercados pueden hundirse y desatar depresiones económicas e inquietudes sociales con secuelas catastróficas. La crisis de la economía mundial fue uno de los presupuestos para el ascenso del nacionalsocialismo. El mercado, por sí solo, no garantiza ninguna estabilidad. La estabilidad debe conquistarse mediante esfuerzos políticos. Las catástrofes del siglo XX nos han impartido una lección, a saber, que el poder económico ha de equilibrarse mediante el poder político. La justicia y la solidaridad no se imponen solamente con ayuda del mercado, sino como resultado de la insustituible acción política. El moderno Estado social es un producto de esta división de poderes entre economía y política.»

Rüdiger Safranski,  El mal o el drama de la libertad. Tusquets, 2014

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Instinto termodinámico de muerte

«… En general, la ley de la entropía sitúa el teatro entero de la vida bajo la pálida luz de una gran inutilidad. Sabemos que la entropía es una modificación de la ley de la conservación de la energía. Dicha ley afirma que, en determinadas circunstancias, la energía se conserva, pero hay partes de la misma que pasan a un estado que ya no puede transformarse. Los sistemas dotados de una gran energía pierden la que necesitan para su propia conservación. Se pierden de este modo las fuerzas formadoras de su estructura, disolviéndose si no se introduce nueva energía desde fuera; cuanto más aislamiento, mayor aumento de la entropía. Pero ningún sistema, afirma Prigogine, está mejor “aislado” que el universo en su conjunto, de modo que al final triunfará la entropía. Parece como si la antigua teología hubiese presentido esto, pues dudó de la propia conservación del mundo y la cifró en la gracia. Pero la ley del crecimiento de la entropía desconoce todo acto de gracia. Podría decirse que en el universo reina una especie de instinto termodinámico de muerte.»

Rüdiger Safranski,  El mal o el drama de la libertad. Tusquets, 2014

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Defenderse del mundo

«… A los rigores de su tarea administrativa se sumaba la agotadora necesidad de mantener a una distancia prudente, por así decirlo, al mundo tétrico y vulgar, obligado por su trabajo a un constante contacto con él. Era imprescindible defenderse del mundo para que no contaminara su visión y evitar que su omnipresente y obstinada inmoralidad fructificara en lo más profundo de sus pensamientos y manchara de mundanalidad la pureza trascendente de su teoría del cielo. Sin embargo, no podía evitar conmoverse ante la situación de la gente, cuyo dolor y angustia recordaría siempre condensados en el recuerdo del cuerpo de una joven campesina que había encontrado en las ruinas humeantes de un pueblo saqueado y cuyo nombre ni siquiera conocía.»

John Banville,  Copérnico. Salvat, 1995

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